Tratamiento Quirúrgico de una Fractura Cervical en un Paciente con Espondilitis Anquilosante y Cifosis Global Severa con Deformidad Mentón-Pecho
La espondilitis anquilosante (EA) es una enfermedad inflamatoria crónica que afecta principalmente la columna vertebral y las articulaciones sacroilíacas, provocando osificación progresiva y fusión de los segmentos espinales. Una de sus manifestaciones más discapacitantes es el desarrollo de deformidades cifóticas en regiones lumbar, toracolumbar y torácica. En casos raros, la cifosis grave puede extenderse a la columna cervicotorácica, generando una deformidad mentón-pecho. Esta condición compromete la calidad de vida, limitando la mirada horizontal, la masticación, la deglución, la higiene personal y causando dolor cervical crónico y mielopatía. Las fracturas cervicales en estos pacientes presentan un desafío terapéutico debido a la inestabilidad y la complejidad anatómica.
Este artículo describe el caso de una mujer de 71 años con EA de 40 años de evolución y cifosis global severa durante 20 años, que sufrió una fractura cervical tras una caída. Presentaba deformidad mentón-pecho, dolor cervical, limitación de movilidad y dificultad para masticar y tragar. Su índice de discapacidad cervical (NDI) fue 78%, y la escala visual analógica (EVA) para dolor cervical fue 7. La exploración física reveló cifosis severa con sensibilidad cervical, sin déficits neurológicos. La tomografía computarizada (TC) confirmó una fractura de tres columnas en el cuerpo vertebral de C7 y apófisis de C6, exacerbando la deformidad preexistente.
Las radiografías mostraron cifosis lumbar de 18° (L1-S1), torácica de 72° (T5-T12) y cervicotorácica de 56,5° (C2-T4). El ángulo mentón-ceja vertical (CBVA) fue 130°, imposibilitando la posición supina. El manejo inicial incluyó tracción craneal de 4 kg. Ante la negativa de la paciente y su familia al tratamiento conservador (tracción prolongada y chaleco halo), se optó por cirugía.
La intervención consistió en fijación interna posterior y fusión. Bajo anestesia general con intubación nasotraqueal consciente, se colocó a la paciente en posición sentada, manteniendo tracción craneal. Se utilizó monitorización neurofisiológica intraoperatoria. Mediante abordaje posterior, se colocaron tornillos en masas laterales de C2-C5 y pediculares de T1-T3, seguido de laminectomía descompresiva en C6-C7. Se corrigió la cifosis con láminas entre el mentón y el tórax, logrando 10 cm de separación confirmados con fluoroscopia. La pérdida sanguínea estimada fue 400 mL.
La paciente fue dada de alta al sexto día postoperatorio con collarín blando. La TC postoperatoria mostró realineación cervical y cifosis cervicotorácica de 34,5°. A los cinco meses, la fractura evidenció consolidación sin pérdida de corrección. La EVA fue 0 y el NDI 13%, con retorno a actividades cotidianas.
Las fracturas cervicales son frecuentes en EA, especialmente con cifosis cervicotorácica (hasta 31% según estudios). Este caso destaca por la gravedad de la deformidad. El manejo requiere estabilizar la fractura, prevenir deterioro neurológico y restaurar la funcionalidad preinjury, sin priorizar la corrección total de la deformidad en pacientes mayores.
La elección de anestesia y posición quirúrgica es crucial. La intubación nasotraqueal consciente y la posición sentada fueron clave por la limitación para decúbito supino y cifosis toracolumbar. El riesgo de embolia aérea en posición sentada debe considerarse.
En conclusión, el tratamiento de fracturas cervicales en pacientes con EA y deformidades severas debe centrarse en la estabilización y alivio sintomático. La fijación posterior extensa, intubación nasotraqueal y tracción craneal son estrategias efectivas. Se requiere seguimiento a largo plazo para evaluar la durabilidad de la corrección.
doi.org/10.1097/CM9.0000000000000439