Informe sobre ventriculitis inducida por neumonía con absceso intraventricular
La ventriculitis, también conocida como ependimitis, empiema ventricular, piocefalia o ventriculitis piógena, corresponde a la inflamación del revestimiento ependimario de los ventrículos cerebrales. Esta condición surge generalmente como complicación de infecciones bacterianas del líquido cefalorraquídeo (LCR). Su morbilidad es significativa, con tasas reportadas de hasta 45% en poblaciones específicas, particularmente en pacientes neuroquirúrgicos o con traumatismo craneoencefálico que requieren dispositivos como derivaciones de LCR, bombas intratecales o estimulación cerebral profunda. Clínicamente, se manifiesta con fiebre, deterioro del estado de conciencia y disfunción neurológica. El retraso en el diagnóstico y tratamiento puede desencadenar infecciones intracraneales graves, discapacidad neurológica irreversible o muerte. Aunque es más frecuente en neonatos y lactantes, existen casos documentados asociados a infecciones fúngicas, como las causadas por Aspergillus fumigatus.
Se presenta el caso de un hombre de 59 años con múltiples comorbilidades que desarrolló ventriculitis y absceso intraventricular secundario a neumonía. Sus antecedentes incluían hipertensión arterial de 15 años, gota, insuficiencia renal crónica, diabetes mellitus tipo 2 de 4 años, carcinoma tiroideo tratado quirúrgicamente hace un año y neuropatía óptica isquémica manejada con terapia hormonal oral durante 3 meses. Inicialmente, consultó en un hospital local por fiebre (39,0 °C), escalofríos y tos de un mes de evolución. El examen físico no mostró hallazgos relevantes. Los análisis sanguíneos revelaron leucocitosis (22,41 x 10^9/L), neutrofilia (79,5%), anemia severa (Hb: 43 g/L), creatinina elevada (424 mmol/L) e hipoalbuminemia (2 g/L). Los cultivos de sangre y esputo fueron negativos. La tomografía computarizada (TC) de tórax identificó un nódulo en el lóbulo superior derecho, sugestivo de lesión inflamatoria. Recibió transfusión sanguínea y cefoperazona/sulbactam durante 2 semanas, sin mejoría clínica.
Una TC torácica repetida mostró cavitación de la lesión pulmonar. Los estudios complementarios detectaron elevación de beta-D-glucano (>600 ng/L), galactomanano (0,64 mg/L) y relación CD4+/CD8+ de 0,55. Con sospecha de infección fúngica pulmonar, se inició voriconazol, pero persistió la fiebre tras una semana de tratamiento, lo que motivó su traslado a nuestro centro.
Al ingreso, presentaba fiebre (38,4 °C), presión arterial de 144/73 mmHg y saturación de oxígeno del 94%. Los análisis mostraron leucocitosis (11,02 x 10^9/L), neutrofilia (88,9%), anemia (Hb: 92 g/L) y deterioro renal (Cr: 655 mmol/L). Se administró piperacilina/tazobactam con mejoría transitoria. Tres semanas después, desarrolló crisis convulsiva. La TC cerebral fue normal, pero la resonancia magnética (RM) cerebral con contraste sugirió ependimitis y absceso intraventricular. La punción lumbar evidenció presión de LCR elevada (260 mmH2O), pleocitosis (950 x 10^6/L leucocitos), hiperproteinorraquia (1,84 g/L) e hipoglucorraquia (1,3 mmol/L). El cultivo de LCR fue negativo, pero la secuenciación genómica identificó Aspergillus fumigatus. Tras un mes de voriconazol, se normalizaron los parámetros clínicos y analíticos. La RM postratamiento confirmó la resolución del absceso.
La aspergilosis cerebral, que representa el 5% de las infecciones del sistema nervioso central, generalmente surge por diseminación hematógena desde focos pulmonares. Aspergillus fumigatus es el principal patógeno, especialmente en pacientes inmunocomprometidos o bajo terapia prolongada con glucocorticoides, asociándose a alta mortalidad. En este caso, la inmunosupresión subyacente, la terapia esteroidea y las lesiones pulmonares cavitadas orientaron hacia una diseminación fúngica. La ausencia de síntomas neurológicos típicos y la normalidad inicial de la TC cerebral retrasaron el diagnóstico, resaltando la importancia de considerar infecciones oportunistas en pacientes complejos.
Este caso subraya la necesidad de enfoques multidisciplinarios y técnicas diagnósticas avanzadas en pacientes inmunodeprimidos con sepsis refractaria. La secuenciación genómica del LCR fue crucial para identificar el patógeno y guiar el tratamiento, enfatizando su rol en escenarios de cultivos negativos. La vigilancia clínica continua y la reevaluación sistemática son esenciales para optimizar el pronóstico en estas situaciones.
doi.org/10.1097/CM9.0000000000001203