Hipertensión: Tratamientos Dirigidos a la Microbiota
La hipertensión, la enfermedad cardiovascular (ECV) más prevalente, afecta a una proporción significativa de la población mundial. En 2015, se estimó que aproximadamente 1130 millones de personas padecían hipertensión, con una prevalencia superior al 27,9% en adultos chinos mayores de 18 años. A pesar de las modificaciones en el estilo de vida y las intervenciones médicas, un tercio de los pacientes no logra un control adecuado de su presión arterial (PA). Investigaciones recientes han destacado el papel de la microbiota intestinal humana en la regulación de la inmunidad, la inflamación y el metabolismo. Esto ha proporcionado nuevas perspectivas sobre los mecanismos subyacentes de la hipertensión, particularmente a través de la influencia de la microbiota intestinal en los niveles de lípidos y glucosa en sangre.
La microbiota intestinal regula la PA de diversas formas. Los cambios en la PA se asocian con alteraciones en la abundancia o composición de la microbiota. Los ácidos grasos de cadena corta (AGCC), como acetato, propionato y butirato, ejercen efectos directos sobre la PA o indirectos a través de citocinas. El óxido de trimetilamina también se ha identificado como un indicador de la PA. Estudios demuestran que los probióticos, usados solos o en combinación, pueden proteger el corazón contra la hipertensión. Además, el trasplante de microbiota fecal (TMF) ha mostrado potencial terapéutico. Este artículo describe los mecanismos que vinculan la hipertensión y la microbiota, analiza el uso de probióticos y explora el TMF como estrategia más allá de los fármacos antihipertensivos tradicionales.
Los probióticos, derivados de alimentos fermentados y biomasa simbiótica, restauran la disbiosis intestinal vinculada al riesgo de hipertensión. Aunque aún no se emplean ampliamente en la práctica clínica, su eficacia en ECV es un área prometedora.
Los AGCC, producidos por la microbiota a partir de polisacáridos no digeribles, regulan la PA. Estos ácidos se absorben en el torrente sanguíneo, modulando respuestas metabólicas e inflamatorias. Por ejemplo, el propionato (200 mmol/L en agua) inhibe la hipertrofia miocárdica, la fibrosis y la disfunción vascular en modelos murinos de hipertensión inducida por angiotensina II. El kéfir, administrado durante nueve semanas en ratas espontáneamente hipertensas (REH), redujo la PA media y normalizó la frecuencia cardíaca, mejorando la contractilidad y las proteínas de manejo del calcio.
Estudios sobre Lactobacillus también son alentadores. Lactobacillus fermentum CECT5716 (LC40) previene desequilibrios en la microbiota, estrés oxidativo, inflamación vascular y mejora levemente la función endotelial. Ensayos clínicos respaldan que los probióticos revierten cambios patológicos en enfermedades metabólicas, como diabetes e hiperlipidemia.
Metaanálisis confirman su papel en la reducción de la PA. Un análisis de 14 ensayos con 702 participantes mostró que la leche fermentada probiótica redujo la PA sistólica en 3,10 mmHg y la diastólica en 1,09 mmHg. Otro estudio sugirió que los probióticos mejoran la PA cuando se consumen múltiples especies, durante ≥8 semanas o en dosis ≥10¹¹ UFC/día. Sin embargo, algunos resultados son contradictorios, como un ensayo con Lactobacillus acidophilus La5 y Bifidobacterium animalis subsp. lactis BB-12, que no mostró efectos significativos, subrayando la necesidad de tratamientos selectivos basados en microbiota.
El TMF, terapia clave para remodelar la microbiota, se ha estudiado principalmente en modelos animales. En ratones con miocarditis, el TMF aumentó la riqueza microbiana y la proporción Firmicutes/Bacteroidetes, reduciendo el daño miocárdico. En ratas REH, el TMF de ratas normotensas Wistar-Kyoto (WKY) disminuyó la PA, mientras que el TMF de REH a WKY la aumentó, evidenciando su capacidad modulatoria.
A pesar de estos hallazgos, la aplicación clínica del TMF en hipertensión sigue siendo limitada. Futuras investigaciones deben validar su eficacia y seguridad, estandarizando procesos como el «trasplante de microbiota lavada».
En conclusión, la microbiota intestinal influye significativamente en la hipertensión. Los probióticos y el TMF representan enfoques terapéuticos prometedores, aunque se requieren más estudios para comprender los mecanismos y optimizar tratamientos dirigidos a la microbiota.
doi.org/10.1097/CM9.0000000000000657