Uso de la técnica de compresión magnética en la gastrectomía vertical: un estudio preliminar
La obesidad se ha convertido en un problema de salud global, con una prevalencia en constante aumento. La reducción de peso es una de las medidas más efectivas para abordar esta condición; sin embargo, solo un pequeño porcentaje de pacientes logra controlar su peso sin intervención. La gastrectomía vertical (GV) es un procedimiento quirúrgico ampliamente utilizado debido a sus resultados favorables y técnica relativamente sencilla. No obstante, una de sus complicaciones más relevantes es la fuga gástrica, que puede provocar infección e incluso la muerte, a pesar de una incidencia relativamente baja (2,4%).
La técnica de compresión magnética (TCM) es un enfoque novedoso que utiliza la fuerza de atracción entre imanes para reconectar lúmenes. Esta técnica aplica presión constante sobre las paredes opuestas de segmentos viscerales, induciendo isquemia transmural, necrosis y posterior cicatrización. La TCM ha sido empleada exitosamente en anastomosis gastrointestinales, enteroenterostomías y coledocoyeyunostomías. Sin embargo, su aplicación en GV no había sido explorada hasta este estudio preliminar, cuyo objetivo fue evaluar la viabilidad de la TCM en este contexto.
Materiales y métodos
Se utilizó un par de imanes de cuboides como dispositivo de compresión, cada uno con dimensiones de 100 mm de longitud, 10 mm de ancho y 3 mm de altura, y un peso de 26,5 g. La densidad máxima de flujo magnético varió entre 100 y 200 mT. Los imanes, fabricados con neodimio-ferro-boro, fueron recubiertos con nitruro de titanio (TiN) para garantizar biocompatibilidad y resistencia a la corrosión. El estudio incluyó 20 conejos blancos machos de Nueva Zelanda (peso: 2,5–3,5 kg), divididos aleatoriamente en dos grupos: Grupo A (TCM) y Grupo B (control), con 10 individuos cada uno.
En el Grupo A, la GV se realizó colocando los imanes directamente sobre el estómago, generando isquemia en el tejido externo. En el Grupo B, se empleó el método tradicional de grapado: el estómago se seccionó con tijeras tras sujeciones temporales, y el margen residual se cerró con grapas. A las cuatro semanas postcirugía, se sacrificaron los animales para analizar los tejidos gástricos.
Resultados
El tiempo quirúrgico promedio fue significativamente menor en el Grupo A (1,52 ± 0,26 minutos vs. 4,13 ± 1,53 minutos; P <0,01). La tasa de supervivencia fue del 90% en el Grupo A frente al 70% en el Grupo B (P <0,01). En el Grupo B, dos muertes se atribuyeron a peritonitis por fuga gástrica y una a hemorragia. En el Grupo A, un conejo falleció por infección asociada a tejido necrótico. La pérdida de peso promedio fue similar en ambos grupos (0,72 ± 0,22 kg vs. 0,68 ± 0,31 kg; P >0,05).
La radiografía postoperatoria con iohexol intragástrico no evidenció fugas en el Grupo A. El examen macroscópico mostró una mucosa lisa en la anastomosis, mientras que el análisis histológico confirmó la continuidad de la capa mucosa. La microscopía electrónica reveló cicatrización completa a las cuatro semanas.
Discusión
La TCM demostró ventajas como menor tiempo quirúrgico y mayor seguridad en comparación con el grapado. El recubrimiento de TiN garantizó durabilidad y biocompatibilidad. Sin embargo, la forma curvilínea de la GV en humanos requeriría múltiples líneas de fijación, a diferencia del estómago de conejo. Además, la colocación externa de los imanes podría liberarlos a la cavidad abdominal tras la necrosis, un problema potencialmente resoluble mediante gastroplastia vertical endoscópica.
Conclusión
Este estudio preliminar sugiere que la TCM es una alternativa viable y segura para la GV en modelos animales. Futuras investigaciones con muestras más grandes y adaptaciones técnicas serán esenciales para validar su aplicabilidad en humanos.
DOI: 10.1097/CM9.0000000000001131