Ronquera y Malestar en la Garganta Tras Bloqueo del Cuadrado Lumbar
El bloqueo transmuscular del cuadrado lumbar (BTCL) es una técnica de anestesia regional conocida por proporcionar analgesia visceral efectiva mediante el bloqueo de fibras simpáticas a través de la difusión del anestésico local hacia los espacios paravertebrales torácicos. Aunque el BTCL se considera generalmente más seguro que los métodos analgésicos convencionales, no se habían reportado previamente casos de ronquera asociados a este procedimiento. Este artículo presenta dos casos de ronquera y malestar faríngeo tras BTCL, explora posibles mecanismos y discute sus implicaciones clínicas.
Casos Clínicos
Caso 1: Un hombre de 42 años con dolor lumbar agudo e inguinal (escala numérica [EN] 7/10) fue sometido a BTCL bilateral en L4, utilizando 20 mL de ropivacaína al 0,375% con epinefrina 1:200.000. La técnica, guiada por ultrasonido en tiempo real con enfoque «shamrock», identificó el músculo cuadrado lumbar, psoas y erector de la columna. La aguja se insertó en dirección posterolateral a anteromedial, dirigida a la unión del cuadrado lumbar, psoas y apófisis transversa. Tras el bloqueo, el dolor lumbar disminuyó (EN 1/10). Sin embargo, el paciente desarrolló ronquera y sensación persistente de cuerpo extraño en la garganta, sin disnea, parálisis diafragmática (confirmada por ultrasonido), miosis, ptosis, edema facial o hipotensión. También refirió «hinchazón» en el brazo izquierdo, sin déficit sensitivo o motor. La ronquera se resolvió espontáneamente en 4 horas.
Caso 2: Una mujer de 40 años con lumbalgia aguda recibió BTCL bilateral en L4 con la misma mezcla anestésica. Una hora postinyección, presentó parestesias y prurito en los dermatomas izquierdo T4-L2 y derecho T11-L1. A las 3 horas, desarrolló ronquera leve y sensación de cuerpo extraño faríngeo, sin parálisis diafragmática, miosis o ptosis. Los síntomas desaparecieron a las 2 horas sin intervención.
Discusión
La ronquera posbloqueo es infrecuente, especialmente cuando el procedimiento se realiza fuera de la región cervical, ya que suele asociarse al bloqueo del nervio laríngeo recurrente. En estos casos, los síntomas ocurrieron tras BTCL lumbar, lo que sugiere que el mecanismo subyacente podría relacionarse con la difusión cefálica del anestésico hacia el espacio paravertebral torácico. Estudios previos han documentado que las fascias profundas facilitan el transporte activo del anestésico mediante un mecanismo de bombeo vinculado a los tendones musculares.
Se proponen dos explicaciones: 1) edema temporal de las cuerdas vocales por difusión del anestésico al espacio paravertebral torácico, o 2) bloqueo del nervio laríngeo recurrente. La primera hipótesis es más plausible, ya que los síntomas concuerdan con congestión o edema transitorio de las cuerdas vocales. Anatómicamente, la vascularización de la laringe depende de la arteria laríngea superior y la rama cricotiroidea de la arteria tiroidea superior, cuyos vasos están inervados por fibras simpáticas posganglionares del ganglio cervical superior, originadas en los niveles T1-T2 de la médula. La difusión del anestésico al bloquear las fibras simpáticas paravertebrales torácicas podría inducir vasodilatación de los vasos laríngeos, generando congestión y edema transitorios.
Conclusión
Estos casos destacan una complicación no descrita previamente del BTCL y enfatizan la necesidad de comprender los mecanismos anatómicos y fisiológicos de las técnicas de anestesia regional. Aunque los síntomas fueron transitorios, se requieren más estudios para determinar su prevalencia y desarrollar estrategias preventivas. Futuras investigaciones deberán explorar las vías anatómicas de difusión del anestésico y el papel del bloqueo simpático en la sintomatología laríngea.
Los clínicos deben considerar esta complicación potencial y monitorizar a los pacientes adecuadamente. El entendimiento de estos mecanismos mejorará la seguridad y eficacia del BTCL y otras técnicas de anestesia regional.
doi.org/10.1097/CM9.0000000000001352