Opciones terapéuticas potenciales para la enfermedad por coronavirus 2019: Uso del conocimiento de brotes anteriores para guiar el tratamiento futuro
En diciembre de 2019, se notificaron los primeros casos de una nueva infección por coronavirus, denominada enfermedad por coronavirus 2019 (COVID-19), en Wuhan, China. Este virus, conocido como 2019-nCoV, se ha propagado globalmente, causando morbilidad y mortalidad significativas. Los coronavirus humanos como 229E, OC43, NL63 y HKU1 suelen provocar infecciones leves y autolimitadas del tracto respiratorio superior. Sin embargo, otras variantes, incluidos el coronavirus del síndrome respiratorio agudo grave (SARS-CoV), el coronavirus del síndrome respiratorio de Oriente Medio (MERS-CoV) y el actual 2019-nCoV, presentan mayores tasas de transmisión y pueden causar síndrome respiratorio grave y muerte.
Estos tres coronavirus comparten similitudes en sus características genómicas, clínicas y patológicas. Todos pertenecen al género beta-coronavirus, con MERS-CoV en el linaje C y SARS-CoV y 2019-nCoV en el linaje B. Su origen probablemente es zoonótico, con murciélagos como reservorios naturales. MERS-CoV utiliza la dipeptidil peptidasa 4 como receptor primario, expresado en el tracto respiratorio inferior, riñones y células T, lo que podría explicar su menor transmisibilidad y mayor letalidad. En contraste, 2019-nCoV emplea la enzima convertidora de angiotensina 2 (ECA2), ampliamente distribuida en el epitelio respiratorio, monocitos alveolares y macrófagos, favoreciendo su alta transmisibilidad y menor mortalidad (2% según la OMS vs. >10% en SARS y >35% en MERS).
El tratamiento de COVID-19 se basa en medidas de soporte, aunque se han probado terapias directas en China, como interferón (IFN)-α, lopinavir/ritonavir, ribavirina, cloroquina y plasma convaleciente. La experiencia clínica sugiere cierto beneficio con cloroquina y plasma, pero sin evidencia robusta de ensayos grandes.
El análisis histórico de tratamientos para SARS y MERS ofrece perspectivas. La ribavirina, usada en SARS, mostró toxicidad y falta de eficacia en MERS. Estudios retrospectivos no hallaron diferencias en supervivencia con su uso. En cambio, lopinavir/ritonavir (inhibidor de proteasa del VIH) redujo intubaciones y mortalidad en SARS. Un caso de MERS con terapia triple (ribavirina, IFN y lopinavir/ritonavir) resolvió la viremia en 48 horas. Datos preliminares en COVID-19 son contradictorios: algunos reportan mejoría clínica, mientras otros no muestran beneficios significativos en casos leves.
Remdesivir, análogo nucleótido de amplio espectro, inhibe 2019-nCoV in vitro a concentraciones menores que ribavirina. En modelos murinos de MERS, su combinación con IFN-β superó a lopinavir/ritonavir en reducir carga viral pulmonar. El primer paciente estadounidense con COVID-19 tratado con remdesivir intravenoso mejoró clínicamente sin efectos adversos. Actualmente, dos ensayos evalúan su eficacia junto a lopinavir/ritonavir.
Los interferones tipo I (IFN-α/β) son clave en la inmunidad antiviral. Tanto SARS-CoV como MERS-CoV evaden su señalización, permitiendo replicación descontrolada. Estudios in vitro indican que IFN-β es 5-10 veces más potente que IFN-α contra SARS-CoV. En macacos con MERS, IFN-α-2a más ribavirina redujo inflamación sistémica, mientras IFN-β solo mostró mayor potencia inhibitoria. Esto sugiere que los IFN tipo I, especialmente IFN-β, podrían ser efectivos en COVID-19 si se administran tempranamente.
El uso de corticosteroides en neumonías graves por coronavirus es controversial. En SARS y MERS, se asociaron con eventos adversos y eliminación viral retardada. En COVID-19, un 22% de pacientes los recibieron, pero su eficacia sigue sin clarificarse. Alternativas antiinflamatorias como baricitinib (inhibidor de JAK identificado mediante inteligencia artificial) podrían prevenir la endocitosis viral en pulmón, con potencial sinergia con antivirales.
Futuras estrategias deben combinar medidas de salud pública (distanciamiento, higiene, educación) con fortalecimiento de infraestructuras sanitarias para mejorar la respuesta a zoonosis emergentes. La integración de nuevas tecnologías acelerará el desarrollo de terapias específicas.
DOI: 10.1097/CM9.0000000000000816