Colocación sistemática de drenajes en pacientes sometidos a cirugía cervical anterior: ¿es realmente necesaria?
Con el envejecimiento acelerado de la población mundial y los cambios en los hábitos laborales y de vida, la espondilopatía cervical ha incrementado su prevalencia, generando una carga económica y médica significativa para las sociedades y gobiernos. En etapas tempranas, el tratamiento conservador suele emplearse. Sin embargo, en pacientes con síntomas radiculares graves o compresión medular, la intervención quirúrgica es necesaria. Entre las opciones, la cirugía cervical anterior (CCA) destaca como la técnica más utilizada, incluyendo corpectomía y fusión, discectomía y fusión, o reemplazo discal artificial. Desde su introducción en 1955, la CCA se ha popularizado por su bajo trauma y reducido sangrado, resolviendo eficazmente la compresión por hernias discales u osteofitos. No obstante, el hematoma postoperatorio representa una complicación crítica, capaz de provocar disnea e incluso riesgo vital. Para mitigar este riesgo, la colocación rutinaria de un drenaje durante la CCA se ha convertido en una práctica convencional, facilitando la evacuación de sangre y reduciendo la incidencia de hematomas.
A pesar de sus beneficios, los drenajes presentan desventajas relevantes, particularmente en el contexto de la Recuperación Mejorada después de la Cirugía (ERAS, por sus siglas en inglés). ERAS, propuesta en 1997, prioriza la minimización de complicaciones postoperatorias y la aceleración de la recuperación. El uso de drenajes en CCA puede obstaculizar estos objetivos al requerir reposo en cama de 1 a 3 días postcirugía, incrementando el riesgo de dolor lumbar, infecciones urinarias o trombosis venosa profunda. Además, la inserción del drenaje causa dolor localizado, cicatrices y ansiedad durante su retirada, reduciendo la satisfacción del paciente. Estas desventajas han impulsado la exploración de enfoques «sin drenaje» en cirugía ortopédica, más alineados con ERAS.
Los avances en técnicas quirúrgicas y materiales hemostáticos han reducido significativamente el tiempo operatorio y la pérdida sanguínea intraoperatoria en CCA, disminuyendo la incidencia de hematoma postoperatorio. Esto plantea la duda sobre la necesidad de la colocación sistemática de drenajes. Para investigarlo, se realizó un análisis retrospectivo en 92 pacientes sometidos a CCA de uno o dos niveles en el Hospital West China de la Universidad de Sichuan entre 2016 y 2017. El estudio reveló que, con hemostasia adecuada, el 83,7% de los pacientes presentaron un volumen de drenaje postoperatorio <10 mL y el 94,6% <30 mL. Según el consenso de expertos en ERAS para CCA, el criterio para retirar el drenaje es un volumen <50 mL/día. Por tanto, la mayoría de los pacientes cumplían los criterios para "no colocar drenaje".
Se identificaron factores clave que influyen en la decisión de colocar drenaje. Características preoperatorias como hipertensión mal controlada, alteraciones de la coagulación o cirugía multinivel (más de dos niveles) se asociaron con mayores volúmenes de drenaje, indicando la necesidad de drenaje en estos casos. Por otro lado, el volumen postoperatorio también depende de técnicas quirúrgicas y observaciones intraoperatorias. Las mejores prácticas incluyen: exposición del cuerpo vertebral mediante disección aguda en espacio intermuscular para evitar sangrado relevante, verificar ausencia de sangrado activo en canal espinal y alrededor de implantes tras descompresión, hemostasia cuidadosa del músculo longus colli antes de suturar, y revaluación de sangrado previo al cierre. Además, se recomienda drenaje si la cirugía supera dos horas o hay fuga de líquido cefalorraquídeo.
Basados en estos hallazgos, desde 2018, el equipo del Prof. Hao Liu ha omitido la colocación de drenajes en pacientes sometidos a CCA de uno o dos niveles. En mayo de 2020, un análisis retrospectivo de 488 pacientes con características basales similares mostró que, entre 236 casos sin drenaje, ninguno presentó hematoma postoperatorio, sugiriendo que este enfoque es seguro y factible cuando el volumen de drenaje se evalúa rigurosamente. Al comparar datos clínicos, no hubo diferencias significativas en función neurológica postoperatoria o incidencia de disfagia entre grupos. Sin embargo, los pacientes sin drenaje tuvieron reposo en cama y estancias hospitalarias más cortos, menor dolor, estrés psicológico y mayor satisfacción perioperatoria.
En conclusión, la evidencia sugiere que omitir el drenaje en CCA es seguro y factible bajo técnicas quirúrgicas meticulosas y evaluación estricta del volumen de drenaje postoperatorio. Los pacientes sin drenaje se benefician con recuperaciones más rápidas, menor dolor y mayor satisfacción. No obstante, esta decisión requiere experiencia quirúrgica avanzada y no es recomendable para principiantes. Futuros estudios deberán enfocarse en análisis multifactoriales de los factores que influyen en el volumen de drenaje postoperatorio en CCA, optimizando los criterios para su colocación.
doi.org/10.1097/CM9.0000000000001253