Carcinoma hepatocelular con metástasis cutánea facial: un estudio de caso

Carcinoma hepatocelular con metástasis cutánea facial: un estudio de caso con supervivencia de 18 meses

Las metástasis cutáneas de neoplasias internas representan un fenómeno clínico poco común, y su aparición en el carcinoma hepatocelular (CHC) es excepcionalmente rara. Este informe detalla el caso de un paciente masculino de 66 años que sobrevivió 18 meses tras el diagnóstico de metástasis cutánea facial por CHC, una supervivencia notablemente prolongada dado el pronóstico generalmente desfavorable asociado a esta condición.

Presentación clínica y antecedentes médicos

El paciente acudió inicialmente al departamento de dermatología con un historial de 6 meses de una lesión nodular indolora, de color rojo-púrpura, en el pliegue nasolabial derecho. La lesión medía 1.5 cm × 1.5 cm, exhibía una textura frágil y tendencia al sangrado ante traumatismos mínimos. Su superficie era irregular, con pápulas del tamaño de granos de arroz, y surgía del tejido subcutáneo (Figura 1A). En sus antecedentes destacaba un diagnóstico de CHC 17 años antes, manejado con más de 10 ciclos de quimioterapia. Estudios de imagen en 2010 identificaron metástasis pulmonares, y en 2017, tomografías computarizadas (TC) revelaron nódulos metastásicos adicionales en la unión adrenal.

Estudios diagnósticos y hallazgos patológicos

Se realizó una biopsia por punción de la lesión facial para investigar su etiología. El examen histopatológico mostró masas de células tumorales exógenas localizadas en la dermis, con atrofia epidérmica focal. Se observó dilatación vascular, proliferación estromal y linfocitos atípicos en canales linfáticos dilatados (Figura 1B). El análisis a alto aumento reveló células tumorales cuboidales con actividad mitótica significativa y heterogeneidad nuclear.

La inmunohistoquímica confirmó el diagnóstico: las células tumorales mostraron positividad citoplasmática fuerte para marcadores específicos de hepatocitos, como el hepatocyte paraffin-1 (HepPar-1) (Figura 1C) y la arginasa-1 (tinción nuclear y citoplasmática; Figura 1D). La citoqueratina 8/18 (CK8/18) se expresó en membranas y citoplasma de las células tumorales, aunque glándulas ecrinas y folículos pilosos mostraron tinción similar, requiriendo interpretación cuidadosa. Las células fueron negativas para EMA, CK20, CEA y CK7. La alfa-fetoproteína (AFP) y el glypican-3, marcadores asociados con CHC, mostraron expresión citoplasmática débil. El índice proliferativo, evaluado por Ki-67, fue del 40%, indicativo de biología tumoral agresiva.

Correlatos imagenológicos y de laboratorio

En octubre de 2017, la TC evidenció actividad tumoral extensa en el parénquima hepático, con múltiples lesiones hipodensas en el segmento S3 (Figura 1E). Además, se confirmó la presencia de metástasis pulmonares (Figura 1F). Los análisis de laboratorio mostraron niveles elevados de los marcadores tumorales CA125 (252.2 UI/mL) y CA19-9 (66.1 UI/mL), consistentes con progresión de la enfermedad.

Manejo y evolución clínica

La lesión facial fue tratada inicialmente con ablación con láser de CO₂, pero la recurrencia rápida tras cada procedimiento motivó estudios adicionales. Tras confirmar la metástasis cutánea, no se implementaron terapias dirigidas adicionales. En los siguientes 18 meses, el paciente experimentó deterioro multisistémico gradual, aunque superó la mediana de supervivencia de menos de 5 meses típica de esta condición. Cabe destacar que suspendió el tratamiento activo durante los últimos 6 meses de vida.

Discusión

Las metástasis cutáneas de CHC son extremadamente raras, representando solo el 0.2%–2.7% de todas las metástasis cutáneas de origen interno. Estas lesiones suelen presentarse como nódulos firmes y móviles con tendencia a ulcerarse, aunque existe variabilidad morfológica. El pronóstico es pobre, con un 68% de mortalidad al año del diagnóstico. Este caso desafía la trayectoria esperada, destacando la posible influencia de variabilidad en la biología tumoral o respuestas a terapias previas.

Histológicamente, las metástasis cutáneas de CHC exhiben una arquitectura «basal», con infiltración predominante en dermis profunda y tejido subcutáneo. Son característicos los patrones de crecimiento trabecular y pseudoglandular, compuestos por células eosinofílicas. El perfil inmunohistoquímico es crucial para diferenciar estas metástasis de neoplasias cutáneas primarias o metástasis de otros orígenes. La positividad para HepPar-1, arginasa-1 y CK8/18, junto con la negatividad para marcadores gastrointestinales o pulmonares (CK20, CK7), aporta especificidad diagnóstica.

El alto índice de Ki-67 en este caso subraya la agresividad proliferativa, aunque la supervivencia prolongada sugiere que este parámetro no predice necesariamente el desenlace clínico en CHC metastásico. El rol de la quimioterapia previa en modular la progresión sigue siendo incierto, aunque los 17 años de manejo del CHC podrían indicar un subtipo tumoral indolente.

Conclusión

Este caso ilustra los desafíos diagnósticos y las implicancias clínicas de las metástasis cutáneas en el CHC. A pesar de las características histopatológicas agresivas y la diseminación multisistémica, la supervivencia de 18 meses post-diagnóstico representa una excepción en la historia natural de esta condición. Los hallazgos enfatizan la importancia de la confirmación inmunohistoquímica y la necesidad de investigación en biomarcadores pronósticos para el CHC metastásico.

Disponible en: https://doi.org/10.1097/CM9.0000000000000083

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