Asociación entre el Conocimiento sobre Prevención del Cáncer y las Tasas de Participación en el Cribado de Cáncer Hepático en una Población de Alto Riesgo: Resultados de la Provincia Rural de Anhui
El cáncer hepático (CH) continúa siendo un desafío crítico para la salud global, ocupando el tercer lugar como causa de mortalidad relacionada con cáncer en el mundo. Solo en 2020, se atribuyeron aproximadamente 905.677 nuevos casos y 830.180 muertes al CH, destacando la necesidad urgente de estrategias efectivas de prevención y detección temprana. A pesar de los avances en oncología, la tasa de supervivencia a 5 años del CH en China sigue siendo alarmantemente baja (10,1%–12,1% entre 2003 y 2015), situación impulsada por diagnósticos en etapas avanzadas que subrayan la relevancia del cribado poblacional.
En 2007, China implementó un programa nacional de cribado de CH dirigido a poblaciones rurales de alto riesgo, utilizando ecografía B y pruebas de alfafetoproteína sérica (AFP). Si bien estudios en regiones como Shanghái demostraron su potencial para reducir la mortalidad, las tasas de participación (TP) han sido subóptimas. Un factor hipotético que influye en la adherencia al cribado es el conocimiento sobre prevención del cáncer. Investigaciones previas en cánceres como el cervicouterino y mamario establecieron una correlación positiva entre el conocimiento sanitario y la participación; sin embargo, no existían evidencias similares para el CH en China, particularmente en zonas rurales. Este estudio, realizado en Anhui entre 2015 y 2019, buscó explorar esta brecha.
Diseño y Población del Estudio
El análisis transversal se centró en residentes rurales de Anhui, una región con alta incidencia y mortalidad por CH. Los criterios de elegibilidad incluyeron hombres de 35–64 años y mujeres de 45–64 años, excluyendo a quienes tenían diagnóstico previo de CH, otras neoplasias, comorbilidades graves o limitaciones de autocuidado. Un total de 180.756 individuos completaron un cuestionario inicial de factores de salud (CFS) para identificar riesgo elevado de CH según infección por virus de hepatitis B (VHB), antecedentes familiares de cáncer gastrointestinal, hábitos dietéticos deficientes y síntomas digestivos superiores. De estos, 46.425 fueron clasificados como alto riesgo, y 4.204 proveyeron datos completos de un cuestionario de conocimiento sanitario (CCS), conformando la cohorte final.
Recolección de Datos y Mediciones
El cuestionario de conocimiento sanitario (CCS) evaluó conocimientos generales sobre cáncer y prevención mediante 11 ítems (7 de opción única y 4 múltiples). Las puntuaciones oscilaron entre 0–22 (1 punto por respuesta correcta), con alta confiabilidad (alfa de Cronbach: 0,833). El cuestionario de factores de salud (CFS) recopiló datos demográficos (estado civil, educación, ingresos), factores de estilo de vida (tabaquismo, alcohol), antecedentes médicos y estatus de VHB mediante prueba de HBsAg.
Participación en Cribado y Análisis Estadístico
La participación se definió como la realización de AFP, ecografía B o ambas. Las TP se calcularon como la proporción de individuos de alto riesgo que completaron al menos una prueba. Los participantes se estratificaron por tertiles de puntuación de conocimiento: T1 (1–10), T2 (11–15) y T3 (≥16). Se aplicaron pruebas de chi-cuadrado para comparar TP entre subgrupos demográficos y conductuales. Modelos de regresión logística ajustaron por factores de confusión (edad, sexo, educación, ingresos, tabaquismo, alcohol, antecedentes familiares y VHB) para evaluar la asociación entre conocimiento y participación.
Hallazgos Principales
La cohorte incluyó 2.796 hombres (66,5%) y 1.408 mujeres (33,5%), con edad media de 52,3 años. Globalmente, el 45,2% (1.899/4.204) de los individuos de alto riesgo participaron en el cribado. La puntuación media de conocimiento fue 13,78 (±4,30), sin diferencias significativas por sexo. Sin embargo, las TP variaron notablemente:
- Sexo: Las mujeres mostraron mayor TP (59,2%) que los hombres (38,1%).
- Edad: El grupo de 61–64 años registró la TP más alta (52,1%).
- Educación: Individuos sin educación formal presentaron mayor TP (48,8%).
- Estilo de vida: No fumadores (58,7%) y no bebedores (50,0%) tuvieron mayor participación.
- Antecedentes médicos: Quienes tenían antecedentes familiares de cáncer mostraron una TP de 57,9%, casi el doble que aquellos sin ellos (29,7%).
En modelos no ajustados, mayores puntuaciones de conocimiento se asociaron con TP más altas: los participantes en T2 (OR=1,29; IC 95%:1,11–1,50) y T3 (OR=1,24; IC 95%:1,05–1,45) tuvieron mayor probabilidad de participar que T1. Tras ajustar covariables, la asociación persistió en T2 (aOR=1,31; IC 95%:1,10–1,55) y T3 (aOR=1,20; IC 95%:1,00–1,43).
Variaciones en Subgrupos
Los análisis estratificados revelaron patrones específicos:
- Sexo: El conocimiento predijo significativamente las TP en mujeres (T3 vs. T1: aOR=1,35) pero no en hombres.
- Edad: Adultos ≥50 años mostraron asociaciones más fuertes (T3 vs. T1: aOR=1,26) que grupos más jóvenes.
- Educación: Individuos sin educación en T3 tuvieron 70% mayor probabilidad de cribado (aOR=1,70) versus T1, tendencia no observada en grupos educados.
- VHB: Individuos positivos para VHB con mayor conocimiento mostraron paradójicamente menores TP, sugiriendo comportamientos alternativos de búsqueda de atención (ej. uso preferencial de servicios hospitalarios).
Implicaciones y Limitaciones
Este estudio provee la primera evidencia empírica que vincula el conocimiento preventivo con la participación en cribado de CH en zonas rurales chinas. Los hallazgos respaldan campañas educativas dirigidas, especialmente en hombres, adultos jóvenes y población con VHB, para abordar brechas culturales y conocimientos. No obstante, el diseño transversal limita inferencias causales, y el tamaño muestral modesto (4.204/46.425) podría introducir sesgos de selección.
Conclusión
Mejorar la alfabetización en prevención del cáncer es una estrategia viable para incrementar la adherencia al cribado de CH en poblaciones rurales de alto riesgo. Intervenciones segmentadas por subgrupos demográficos, combinadas con esfuerzos para reducir barreras logísticas y económicas, podrían optimizar el programa nacional de cribado. Futuras investigaciones deben explorar impactos longitudinales de campañas educativas y el rol del acceso a servicios de salud.
doi.org/10.1097/CM9.0000000000001735